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Popular Press
La violencia del fútbol
Diario Hoy (2012)
  • Fernando Carrión Mena, Arq.
Abstract

Gracias a las triquiñuelas usadas por la FEF para abarrotar el estadio Olímpico Atahualpa en los partidos de las eliminatorias al mundial de fútbol de 2014, el país ha entrado a discutir un tema de fondo: la seguridad, la comodidad y el espectáculo que este deporte genera.

Hay que partir señalando que la violencia del fútbol no es reciente y tampoco tiene la fuerza que tenía. Según García Cantú “en 1888 hubo 23 jugadores muertos, 30 piernas fracturadas, 9 brazos rotos, 11 clavículas partidas y 27 lesiones de diversa consideración. En 1889 fueron 22 los muertos, y 138 los heridos y un año después la cifra de fallecidos fue de 26 y la de heridos 150”. Hoy estos hechos ya no están presentes, porque la “violencia de la cancha” (centrífuga), que es la primera forma de la violencia en el fútbol, fue procesada mediante la creación de una institucionalidad (FIFA), unas normas (17 reglas), un juez que imparte justicia (árbitro) y una política (fair play). Este tipo de hechos surgen de la condición de deporte de contacto y de confrontación, y tiende a ser erradicada con buenos árbitros y transparencia.

Un segundo momento o violencia ocurre cuando se traslada a las gradas, gracias a la diferenciación entre jugadores e hinchas, que termina siendo ficticia porque son parte de la misma comunidad simbólica, aunque cada uno tenga actividades y espacios de representación distintos. El deportista y el hincha construyen un yo incluyente que lo comparten; por eso dicen: mañana jugamos, hoy ganamos, ayer nos robó el árbitro. Hasta este momento la “violencia de las gradas” es principalmente simbólica porque la disputa de los universos simbólicos no llega a la violencia física, aunque se evidencien casos poco frecuentes o aislados. El procesamiento de esta conflictividad se logra con la separación de las hinchadas en el espacio del estadio y en el tiempo de entrada y salida.

El tercer momento y tipo de violencia es la que se desarrolla fuera del estadio, en la ciudad. En este caso existe un desborde de la violencia de las gradas hacia los exteriores, debido al peso simbólico que adquiere la camiseta, tanto en términos simbólicos (la piel) como comerciales (vitrina ambulante); así como la significación que cobran estas comunidades vinculadas al fútbol. Allí la violencia crece y cambia de simbólica a física, siendo los grupos principales los Hooligans británicos, los tifosis italianos o las barras bravas argentinas. Desde este momento el hincha se convierte en “barra brava” y lo hace en un contexto de internacionalización y mercantilización del fútbol y de la generalización de la violencia organizada. Se empieza a incubar en el hincha un conjunto de comportamientos (organización) y creencias propias del sentido de pertenencia a símbolos, tradiciones estables y a una supuesta élite poderosa, que busca construir una hegemonía deportiva frente a otros equipos y consolidar una autonomía relativa frente al propio club, que es visto como fuente de recursos económicos. Esta violencia empieza a ser controlada gracias a las investigaciones y recomendaciones contenidas en el denominado Informe Taylor, que fuera solicitado por la Primer Ministra Margaret Tatcher. A partir de estas políticas los hooligans viven un franco proceso de reducción de su presencia.

Y la cuarta es la que tiene que ver con la penetración de la violencia y la delincuencia de la sociedad al estadio (centrípeta); el racismo, el nacionalismo, el narcotráfico, el coyoterismo, el cambio de edades, las pandillas y la falsificación de nombres, entre otros, entran al fútbol.

Keywords
  • FEF,
  • violencia del fútbol,
  • violencia de la cancha,
  • violencia de las gradas,
  • barra brava
Publication Date
August 11, 2012
Publisher Statement
Diario Hoy
Citation Information
Fernando Carrión Mena. "La violencia del fútbol" Diario Hoy (2012)
Available at: http://works.bepress.com/fernando_carrion/541/