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Ciudades y Políticas Urbanas

Fernando Carrión Mena, FLACSO, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Sede Ecuador

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Red "Ciudades" CODEL

Abstract

Ante la perestroika, la caída del muro de Berlín y la muerte del socialismo real el mundo entero replantea todas sus certezas, dogmas y creencias. Ante la apariencia de que todo es posible, se avizora que nada es verdad. La Incertidumbre lejos de sembrar la depresión o el pánico, abre una reflexión más profunda sobre lo real, lo posible y los sueños.

Más aún, cuando a finales de este milenio se atisba un futuro que se torna inmediato, tanto en cualquier país del mundo como en las micro-realidades de una ciudad. En medio de la tormenta se presenta como Imagen pasada, la figura del Príncipe; aquel ser político por excelencia, creado por Maquiavelo, expresión y encarnación del Estado moderno, ente regulador de la sociedad civil, que busca a toda costa controlarla y ponerla bajo su dominio.

Al mismo tiempo, como símil, se presenta recreando al mercader, al fenicio, al negociante, cuya máxima expresión, está recogida en el Avaro de Moliere: su condensación extrema es la Ley del Mercado, ordenadora de totalidad y reductora de la cabeza del Príncipe.

En el proceso histórico, encontramos, a veces aliados a los dos personajes, otras ocasiones fundidos o antagónicos. De tal manera, que no es falso afirmar que el Estado, muchas veces, ha servido o se ha servido de los intereses de ciertos señores. En otras ocasiones, producto de la lucha social y económica el Príncipe fue defenestrado y el mercader perdió su poderío al ser expulsado del templo.

A pesar que el ciudadano siente la fascinación por el príncipe, siente el deseo irreductible de ser político, de dirigir el Estado, la forma organizativa estatal impide que sus deseos se plasmen. A pesar que el ciudadano intenta liberarse del mercader, las leyes del mercado le reducen a ser consumidor, a ser mercancía. La mediatización de los mecanismos políticos y económicos le separan de la participación social.

Sin embargo, al finalizar el presente siglo el príncipe parece retroceder ante la arremetida del mercader. El equilibrio se rompe y se pierde la fascinación hacia el Príncipe, se incrementa la dependencia hacia el mercader y en el mundo del pragmatismo, las utopías sociales y urbanas tienden a diluirse. El pasado es reminiscencia y el futuro una veleidad.

En este contexto, se debe replantear al príncipe, al mercader y a sus relaciones desde las utopías ordenadoras del futuro, surgidas de las identidades construidas a lo largo de la historia. Porque no se trata de separar al príncipe del mercader, o de excluir al uno de la otra, falsa dicotomía del problema; así como es el intento por escindir lo real del pensamiento, es imposible matar los sueños, las utopías, clausurar las esperanzas.

La planificación y la investigación deben convertirse en instrumentos de cambio y desarrollo social buscando, en el largo plazo, definir la tensión entre el príncipe y el mercader, entre las decisiones de la nación y las necesidades concretas del habitante, entre las aspiraciones del mercado y los requerimientos de la sociedad. La planificación y la Investigación procuran armonizar, equilibrar estos deseos contradictorios, de tal forma que la utopía pueda constituirse y construirse.

Un plan, en estricto sentido, es un Instrumento que pretende alcanzar un futuro deseado, sobre la base de la regulación de la mano invisible del mercado, de la restricción de las prácticas clientelares y populistas del príncipe.

El planificador es un constructor que hace del futuro la tarea de hoy, a él nada se le presenta como terminado. La ciudad misma es un espacio en donde todo está por hacerse. Es Inacabada y habitada por gentes de todas partes, con distintos vestidos, que configuran varios Idiomas, diversas culturas. Tal vez, por eso siempre se habla de la ciudad del norte y del sur, de las lomas y de los valles, la del centro y la de la periferia.

La planificación urbana no pretende presentar un producto acabado, tampoco quiere eliminar las diferencias. Al contrario busca la armonía de lo desigual. Persigue el equilibrio de la diversidad, la convivencia de lo multiétnico, de lo multirracial. En otras palabras construir el derecho a la ciudad democrática.

La ciudad es un proceso permanente que jamás se termina deconstruir. Sus habitantes siempre están transformando el entorno, el medio ambiente: los edificios se vuelven viejos y se restauran. Y se empieza de nuevo. Allí el caso del Centro Histórico de Quito, patrimonio cultural de la Humanidad, que es el espacio urbano más dinámico, el lugar más sometido a cambios no solo arquitectónicos sino sociales.

A pesar de estos contratiempos, Quito es de las pocas ciudades, en América Latina, que cuenta con un proceso sostenido de planificación, que ha sido posible mantenerlo gracias a las propias estructuras municipales y sus funcionarios. Tiene, pues una tradición de planificación, que sin embargo no disimula la crisis urbana y las limitaciones de la planificación.

Los planes son de diferentes épocas, de distintas concepciones, que enfrentan problemáticas que no se resuelven. Por esto surge la disyuntiva: Es posible la planificación urbana? Tiene posibilidades de formulación y ejecución? La primera cuestiona su propia existencia y la segunda sus modalidades.

Lo realizable, aunque sea redundante, es una planificación posible: a pesar que suena paradójico, deducida de una utopía de la totalidad. Una planificación, como proceso que construya un sistema que rompe con los conceptos de plan libro u oficina del plan. Un proceso integral-globalizador donde no existen las micro-realidades autónomas, factible de construirse desde proyectos particulares hasta programas generales, fundamentados en la investigación socio-urbana, proceso que alimenta los lineamientos políticos y la toma de decisiones concretas.

Estos procesos de gestión e investigación, desde la óptica de América Latina, ha cursado similares situaciones y momentos: el concepto del plan regulador -altamente normativo-, la concepción de la planificación urbana fundamentada en las teorías desarroll1stas cepalinas y la decantación actual de la planificación en crisis. De tal manera, que de una u otra forma, la ciudad pequeña, la intermedia, la urbe grande y la megápolis es una línea de crecimiento y comportamiento. En cada uno de los instantes se tienen cifrados, los problemas inherentes y las situaciones coincidentes, (por ejemplo, el crecimiento desorbitado de las megápolis coincide con la propuesta, para América Latina, de la sustitución de importaciones -años 50). Se pueden advertir los problemas socio-espaciales cuando las condiciones del crecimiento se repiten (invasiones urbanas, tráfico territorial. caos de transportación, contaminación, etc.).

La planificación urbana, entendida como un ejercicio técnico-político que busca la concertación de múltiples voluntades sociales hacia la consecución de un futuro deseado, es una práctica que se fundamenta en la investigación del entorno, del ámbito de actuación y sobre la cual se realiza una gestión múltiple que desata un complejo proceso socio-espacial. Se trata de superar el diagnóstico especialista, fundamento del plan, y de articular la investigación, en función de estructurar el conjunto de actuaciones municipales que buscan dotar a la ciudad de una imagen, de un paisaje habitable, humano y democrático.

Estas propuestas se fueron concretando sobre la base del siguiente principio metodológico: en la solución de los problemas deben concertarse distintas voluntades sociales alrededor de núcleos problema. La cooperación es parte de este esquema por la búsqueda de consensos y participación: allí los convenios nacionales e internacionales, privados o estatales, juegan un papel preponderante y decisivo. El esfuerzo de la Red Ciudades se inscribe en estos lineamientos y es un esfuerzo concertado de varios organismos seccionales latinoamericanos y de institutos privados de investigación por informarse e intercambiar experiencias y discusiones teórico-metodológicas sobre el proceso urbano.

Dentro de este esquema general de pensamiento. el objetivo es el ciudadano, de tal manera que ni el príncipe ni el mercader tomen la hegemonía. El ciudadano requiere generar una cultura de la Planificación sobre la base de la información-conciencia. la apropiación de su realidad y la defensa de su futuro. Desde otro punto de vista, la transformación del príncipe y el mercader en ciudadano y la recuperación de la polis como expresión de una ciudad democrática.

La polis griega, fundada en la democracia integraba al ciudadano a la actividad de la polis. El a su vez, asumía la problemática de la polis como suya, como propia. Este sentido histórico se fue perdiendo, [la ciudad fue la primera forma de participación ciudadana). El crecimiento desmesurado de ella alejó esta relación, la distanció. El Estado se fue complejizando hasta establecer una distancia extrema. Los mecanismos de participación se transformaron en delegaciones, en sufragios simples que no comprometen, en lo inmediato al votante. En el universo más amplio de América Latina, las ciudades presentan características similares: hacinamiento, tugurización, viviendas deterioradas, déficits de equipamiento e infraestructura urbanos, destrucción del medio ambiente, pérdidas de tierras agrícolas y forestales, altos niveles de contaminación ambiental, debilitamiento del poder local, escasa participación ciudadana en las decisiones de las urbes y. sobre todo, un crecimiento acelerado de las ciudades que configuran la imagen del caos y la anarquía urbanos.

Varios institutos particulares, academias, universidades y gobiernos locales forman cada vez más equipos de especialistas a la investigación de los fenómenos urbanos, de la planificación de las ciudades y de los pronósticos y perspectivas para la solución de los problemas descritos como para su desaceleración y control. En distintas ocasiones -Quito. 1987; México. 1991 -se realizaron importantes reuniones para discutir la problemática latinoamericana y se logró crear un vínculo de cooperación y trabajo permanente denominado .Red Ciudades, con el objetivo de difundir, promover y profundizar el conocimiento de la planificación urbana. Este libro es una recopilación de las ponencias del “Encuentro Ciudades, gobiernos locales y políticas urbanas”, realizado en Quito, en 1991 y que contó con la participación de representantes de Brasil. Argentina. Chile. Colombia. México. San Salvador. Guatemala. Venezuela y Perú. Bajo el espíritu de la “Red Ciudades” se juntó a directores de planificación con los investigadores urbanos a fin de confrontar la práctica concreta con el pensamiento y desarrollo de las urbes latinoamericanas de tal forma de conseguir que la investigación se enriquezca con la praxis de los organismos urbanos. Esta metodología impulsada por la “Red Ciudades” busca superar los vicios de los planes libro o de las oficinas de planificación que no encuentran correlato en la puesta en marcha de las posibles soluciones a la problemática que se avizora en el crecimiento de las ciudades, se propone trasladar el interés científico de la investigación académica como sustrato de la práctica de la organismos planificadores. Una amplia convocatoria, receptividad y participación de 21 ciudades latinoamericanas, caracterizaron a este Encuentro.

CODEL y la RED CIUDADES agradecen a las instituciones que posibilitaron esta reunión (Ilustre Municipio de Quito. Fundación Ford. Internatlonal Development Research Centre y el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales) y la publicación de este segundo libro de la Red: “Ciudades y políticas urbanas”. Al mismo tiempo que agradecemos, desde esta oportunidad, la participación de cada uno de ellos. Invitamos a continuar con esta iniciativa en el futuro, seguros de alcanzar mayores niveles de profundidad y claridad.

Suggested Citation

Fernando Carrión Mena. Ciudades y Políticas Urbanas (Alicia Torres y Edmundo Guerra ed). Quito: Red "Ciudades", CODEL, 1992.
Available at: http://works.bepress.com/fernando_carrion/263